2 Lecciones sobre la Política

Hace muchos años, yo estuve saliendo con una chica de un municipio del sur de Madrid. La chica en cuestión, tenía una hermana que a su vez estaba saliendo con un chico con el cual posteriormente se casaría, después de tocarles una vivienda de protección oficial, de las gestionadas por ese ayuntamiento.

El chico en cuestión no era mala persona, quizá un poco chapado a la antigua y con una visión del mundo un poco reducida, producto de no haber viajado o experimentado demasiado, pero honesto y de carácter franco y afable.

Empezó una andadura política, con la pasión que ésta se suele hacer, vendiéndome dicho partido como la solución a muchos problemas, al estilo de como apareció Podemos tras el 15-M.

Cuando llegaron las elecciones al ayuntamiento, el partido que las ganó tuvo que contar con la coalición de su partido, para poder gobernar. Y él entró a trabajar en dicho ayuntamiento. Recuerdo cómo nos contaba sus experiencias “de funcionario”, incluidos los tópicos como bajar todos a las 12 a tomar el pincho tortilla al bar.

El tiempo pasó y llegaron las siguientes elecciones, pero está vez el partido que las volvió a ganar lo hizo con mayoría absoluta, no necesitando ninguna coalición. Él, que no era un cargo importante en su partido ni mucho menos, vió entonces como no iba a seguir en el ayuntamiento, y su suegra -y mía entonces- decía “¡Ay, ay, ay!, pero ¿Que van a hacer?, ¿Que va a hacer ahora si le echan?”. Y yo pensaba “¿Trabajar? ¿Trabajar como hacemos todos?”.

Pero tras negociaciones, para su suerte, él siguió en el ayuntamiento como “cargo de confianza” dentro de su partido.

Pasaron los meses, y no sé si los años, y me enteré de que su mujer también entró en el ayuntamiento, en este caso a través de una oposición, para trabajar en la empresa municipal del suelo, que era quien gestionaba la vivienda, y que en aquél entonces a principios de la década del 2000, estaba empezando su apogeo previo a la posterior crisis del final de la década.

La vida le sonreía. Pero había algo que no me cuadraba. La experiencia laboral anterior de la mujer, era en una tienda de muebles, y de ordenadores, taquigrafía y demás, la mujer sabía lo que yo de chino. Esto en cierta medida era lógico, pues en aquella época, no existían los teléfonos de última generación de ahora, ni todo el mundo tenía email, conocimientos de ofimática o internet. De hecho, las tarifas planas de internet, no aparecerían sino poco más tarde.

Así pues, y suponiendo necesitaría estos conocimientos y otros, para pasar las oposiciones, la cosa no me cuadraba. Hasta que alguien me confesó la realidad, fácil de imaginar: Le habían enchufado para pasar dichas pruebas.

Cuando la historia salió en una conversación que tuvimos, su respuesta fue con cierto tono triste a lo Lance Armstrong cuando demostraron su doping en el Tour: “José, si todos hacen lo mismo”.

Él, que me había estado dando lecciones morales y de integridad de su partido, me decía esa frase, la cual me dejó 2 lecciones como moraleja:

1) La primera, la evidente y que él reconoció: Que todos son iguales.

2) Y la segunda por deducción, fue: Si él hizo esto siendo el último mono en la cadena, no siendo del partido gobernante, sino un cargo menor en un partido menor; ¿A qué puede llegar alguien que esté más arriba?, y no digamos ya en la cima del partido que gobierna.

José Antonio Rodríguez Clemente

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