A vueltas con el Heteropatriarcado

Una noche de finales de verano, me encontraba viendo vídeos de YouTube como suelo hacer para desconectar del día, y llegó a mi poder en esa búsqueda aleatoria que hago, uno de una pareja de un chico y una chica en la que hablaban de lo que son los “aliados feministas”, los “privilegios por ser hombre”, y el “heteropatriarcado”, entre otras cosas.

Al explicar éste último, la chica decía que era debido a que el hombre era el que llevaba el dinero a casa, y que por ello tenía el poder y la mujer era poco menos que un personaje secundario y sumiso.

Reflexioné sobre ello y lo llevé a mi propia historia; ahí recordé lo que una vez me contó mi madre, que cuando era pequeña, en esa España de posguerra y posterior con pobreza y penurias en mayor o menor grado, hasta que a ella le compraron las primeras gafas que por su visión necesitaba, tardó y hubo reticencias, mientras que mi abuelo tenía 2 pares. Siguiendo pues lo que decía la chica en el video, tendría razón.

Avanzando en el tiempo, lo que yo ya sí había vivido cuando era pequeño, era la familia refiriéndome a La Gran Familia, como si la trilogía de películas del mismo nombre se tratase. Compuesta por mis abuelos, tíos, primos, mis padres, mis hermanos y yo, y llegando a sumar alrededor de 30 personas; con reuniones muy frecuentes en casa de mis abuelos -sobre todo- o de algunos de mis tíos, o en la de mis padres. En dichas reuniones, quien organizaba todo alrededor suyo era mi abuela, como una gallina con sus polluelos rodeándola, era la que podríamos llamar Jefa del clan familiar, quien más peso tenía. Aquí por tanto, la chica del video se equivocaba.

Pero decidí centrarme más en mi núcleo familiar, es decir yo junto a mis padres y hermanos, así como compararlo con la gente que me rodeaba, amigos y demás. Respondería al tipo clásico que la chica del video decía, a saber, el hombre trabaja y trae el dinero y la mujer está en casa. Pero cuando rasqué un poco más abajo, vi que era todo lo contrario a lo que la chica afirmaba. El hombre, mi padre, traía el dinero a casa, es cierto, pero quien lo administraba era mi madre. Quien decía que hacer con él, cosas como el color del papel de las paredes, dónde se va de vacaciones, el colegio al que van los niños, etc. era ella. Todo lo que tenía que ver con cómo y dónde gastar el dinero, estaba consensuado, pero la última palabra la tenía mi madre. Quien manejaba las finanzas de la casa, y llevaba el control de todos los papeles, facturas y demás, era ella. Y tenía lógica entre otras cosas, porque para que ese dinero llegara y poder tener la vida que en mejor o peor medida hemos tenido, mi padre se tenía que pasar temporadas de hasta meses, trabajando por medio mundo para poder traer ese dinero a casa. Por lo que lógicamente, quien controlaba más la gestión del mismo era mi madre.

Podría haber sido de otra manera, y quien controlara el dinero fuera el hombre, y ni una ni otra son buenas o malas per se. Pero en mi caso era así, y como digo al compararlo con mis amigos y otra gente se repetía el perfil, el hombre traía el dinero a casa, sí, pero quien lo gestionaba era la mujer. Es decir, en todo caso había un “Heteromatriarcado”. De hecho, ya fuera de pequeño por una chuchería, como más mayor por ropa o comprarme un CD, cuando necesitaba pedir dinero, a quien se lo pedía era a mi madre; y si alguna vez lo hacía a mi padre, la respuesta siempre era la misma: “Pídeselo a tu madre, que es quien tiene el dinero”.

Jose Antonio Rodríguez Clemente

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