La Sorpresa Andaluza

Miércoles 23 de Agosto, me encuentro en la estación de Chester, un pueblo coqueto de origen romano en el noroeste de Inglaterra. Vengo de Buckley, del norte de Gales, donde he trabajado. El día ha sido duro, de mucho trabajo, y largo porque me he tenido que levantar a las 6 de la mañana para llegar allí. En, mi cara se refleja el cansancio, y afloran unas ojeras que empiezan a resaltar en contraste con la camisa blanca que llevo.

En medio de un bostezo, descubro entre la gente un rostro que me suena, tras quedarme unos segundos dudando y ella lo mismo, empiezo a esbozar un “your face looks familiar to me…” cuando la chica dice “¿Jose?”. No hay duda, su acento la delata, es española. Se trata de Eva, una andaluza de Sevilla, que conocí un par de semanas atrás, una noche junto a otras dos chicas de la misma ciudad y un chico de Cádiz llamado Jaime, con el que congenié y al final de la noche intercambié el número de teléfono. Él y una de las chicas, se quedaban para algo más de un mes, mientras que Eva y la otra iban solo para el fin de semana.

La chica es guapilla, gente maja, y junto a las otras dos rompe el tópico-verdad de los sevillanos (la hipocresía de que son muy abiertos por fuera, pero muy cerrados por dentro, o como una sevillana me dijo una vez “que te dicen, aquí me tienes cuenta conmigo, aquí esta mi casa. Y cuando vas te dicen ¿que haces aquí?”).

Viene con una chica granadina, que conoció en el avión, se cayeron bien y están haciendo juntas turismo por la zona. Tras la sorpresa inicial, los saludos y las presentaciones, nos subimos los 3 en el tren. En los 45 minutos que dura el viaje de vuelta a Liverpool, hablamos un poco de todo. Generalidades: Cómo es Chester o Liverpool, cómo son los ingleses, cómo está la situación en España. Nada trascendental. Pero con buen ambiente, y donde la chica que me ha presentado toma la iniciativa, y suele liderar la conversación.

Al llegar a mi estación me despido, “Jaime tiene mi número, si queréis, dadme un toque y nos vemos el finde”. Me despido con 2 besos, y me voy.

Ese fin de semana es el Mathew Street festival en Liverpool, un festival de música que presume de ser el más grande del mundo al aire libre gratis. No es para tanto, pero está bien. Quedo con mis amigos, y coincido con Eva, Jaime y la otra chica sevillana que se quedó para un mes, ya que han venido con el amigo común gracias al cual los conocí. La chica que me presentó en el tren no está, parece ser que se ha ido con sus amigos.

El día me recuerda a mis tiempos de la facultad: Botellón y música al aire libre de día. Buen rollo. Acabamos en un pub primero y luego en otro. Donde Eva, en medio de la festividad del momento, se convierte en objetivo de los tíos que buscan en el género femenino. “Toma, haznos una foto”, me dice uno de ellos. Ninguna de las 3 que hago refleja química entre los 2, sino a él más efusivo de lo normal, y a ella con una sensación de estar a gusto, pero vale, no más.

La noche sigue, y a eso de la media noche se despiden las 2 sevillanas y alguna otra gente. El día ha sido largo, y aún queda otro de fiesta. Los que nos quedamos, aguantamos un poco más y acabamos en el “fish and chips” de rigor, comiendo algo.

Miércoles 5 de septiembre. Acabo de llegar a casa de trabajar y el teléfono suena. Es Jorge al otro lado, el amigo común por el que conocí a esta gente. Después de los saludos y un par de palabras, entre carcajadas me dice “Que … que has ligado”. “¿Como (has dicho)? ¿que qué?”, respondo. Me comenta que le han dejado el Email, para dármelo, por si quiero mantener el contacto. El sabe, y por eso también se ríe, que no, que no estoy interesado, que tengo novia. El mail se lo ha pasado Eva, por whatsapp, con la que mantiene el contacto. Intuyo que se la ha pinchado.

Me comenta que le dice “que hubo feeling”, y que durante aquel viaje en tren, a la chica granadina le gusté, y que por tanto le ha dado su mail para que a través de Jorge me lo de a mi. Después de mi sorpresa inicial al oír ello, esbozo un “no hay quien entienda a las mujeres” por teléfono. Y tras un par de risas y un “ya me dirás como lo haces,… que colonia usas”, pasamos a otros temas.

Y así es, no hay quien las entienda, tienes predisposición y hay situación, y nada. Sin embargo, no la tienes y no hay situación para ello (ni mi apariencia física de ese día, ni la conversación sobre generalidades, daba pie a ello); y te encuentras con situaciones como esta.

Jose Antonio Rodríguez Clemente

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